Ciudad ROBOT

Por Victor H. Romero

Un muchacho que construye un robot con restos de tecnología desechada, que le da órdenes por medio de la aplicación que diseñó desde su celular. Un grupo de niños que se van a la feria de ciencia más importante del mundo. Un carro solar que compite en una carrera de coches solares en Chile. Otro grupo de muchachos que diseñan aplicaciones y juegos para celulares. Son señales interesantes que nos están hablando de un salto evolutivo por demás importante en las generaciones bolivianas.

Un elemento importante para tomar en cuenta es el escenario en el que se están registrando estos destellos, precisamente en El Alto o sus “aproximaciones”, especulando un poco, será porque existe en esas generaciones una actitud especial que les permite entender con facilidad extrema esa serie de laberintos, placa y circuitos tecnológicos, que para nosotros no son más que un elaborado referente de un arte abstracto futurista.

Es probable que estemos llegando a este punto robótico con cierto retraso, pero como nunca es tarde para arrancar y lo único que se necesita es empezar, estos muchachos ya cuentan con muchas ventajas que quizás, otros chicos de su edad, años anteriores no contaban. Por ejemplo con la información, con acceso a tecnología y hasta carreras de estudio que toquen específicamente estas áreas, pero no sólo eso, también se requiere el nivel de oportunidades que debe existir en la sociedad/estado para que estos talentos se desarrollen con efectividad.

En términos ideales podría decirse que estos muchachos están las 24 horas del día pensando en robots y ciencia, es muy probable que así sea, sin embargo, también se tienen que dar una serie de circunstancias especiales a su alrededor, por ejemplo la consideración y compresión familiar, que puedan disponer del tiempo suficiente para dedicarse a investigar, en más de las veces, de forma autodidáctica. Hay que considerar también que es probable que este dominio del conocimiento robótico, no se hubiera dado con tanta certeza si las cosas estuvieran a merced de todos, quiero decir que si estás no faltarían, no se hallaría el gusto por encontrarlas y aplicarlas, implica lo que se denomina sacrificio, entrega y sobre todo voluntad, tres valores o características que estos muchachos tienen más que el resto.

¿Por qué estos muchachos son diferencian del resto? No sólo porque descubrieron que el aprendizaje y la formación es una forma de divertirse y que el obtener el resultado deseado es un triunfo tan exquisito que genera una felicidad única, también porque el fracaso o los malos resultados son parte del camino al éxito, pero no uno similar a los cuentos de hadas o libros de autoayuda, sino a aquel que te permite crecer, ser mejor persona y aprender del error. El talento también incluye una mirada propia, un análisis distinto de tu sociedad/entorno y por supuesto la comprensión de un mundo y universo en su verdadera complejidad. Podríamos afirmar que esta generación robótica está dando un salto importante, cuando dejan de ser robots y pasan a pensar en robots.

En términos comparativos, la generación actual, parece no contar con la misma intensidad y ansia por el aprendizaje de estos muchachos, sumergidos en sus smarthphones no están siendo capaces de preguntarse cómo funcionan, cómo se hacen los juegos que los hipnotizan, cuál es el negocio detrás de ellos y porqué el mundo gira a su alrededor generando cientos de divisas o finalmente qué se puede hacer con las herramientas que contienen y cómo se pueden aplicarlas en otras áreas, que hasta “políticamente” no sean correctas, por decir algo.

Concluyendo y alejándonos de esa mirada paternalista dependiente de la sociedad al estado, es necesario aplicar una mirada/apoyo integral, para estas generaciones que están dando un salto cualitativo en su desarrollo académico, no estamos descubriendo la pólvora, pero si aprendiendo a utilizarla, dependerá de nosotros efectivizarlo, impulsando este espíritu en una ciudad que quizás este descubriéndose así misma, como el nuevo paradigma de una ciudadela tecnológica o lo que es mejor, una nueva Silicon Valley en las alturas.

     
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