CON EL ALTO TODO, SIN EL ALTO NADA

Por: Gabriel Villalba Pérez*

La ciudad más joven de Bolivia, El Alto, en su mes aniversario tiene muchos motivos para celebrar. El Alto una ciudad pujante, la segunda de mayor crecimiento económico después de Santa Cruz, según el último censo, no es solo uno de los polos industriales y comerciales de mayor importancia para el país, sino pilar fundamental de las grandes trasformaciones políticas y sociales que vive Bolivia.

Esta joven ciudad plasmó su legado en las más gloriosas páginas de nuestra historia el 2003. Ciudad valerosa que se convirtió en el mas importante bastión de lucha contra un sistema neoliberal enajenante de nuestros recursos gasíferos, hito que perdura en nuestra historia como ‘La Guerra del Gas’.

Hablar de El Alto es hablar de la icónica estructura del Che Guevara en plena Ceja de esta ciudad como reflejando el espíritu revolucionario y combativo de todo alteño. Es hablar de la Feria de la 16 de Julio que genera un movimiento económico gigantesco, es hablar del pilar industrial de occidente, es hablar de inclusión social cuando en pocos minutos un alteño puede trasportarse hasta la zona sur de la ciudad de La Paz a través del teleférico, es hablar de la ciudad que albergará el Centro de Investigación Nuclear para fines pacíficos mas grande de Suramérica.

Quizá por lo “joven” de esta ciudad (31 años), la juventud (definida como el ciclo vital entre los 16-28 años según la Ley de la Juventud) se identifica con su ritmo y sus valores. Porque existe toda una generación cuyos primeros recuerdos políticos precisamente son: ‘La Guerra del Agua’ del 2000, ‘La Guerra del Gas’ el 2003 y la expulsión de Gonzalo Sánchez de Lozada, la Asamblea Constituyente el 2006, el fracasado ‘Golpe Cívico Prefectural’ del 2008, en si toda una generación que creció con esas vivencias que construyeron lo que hoy es una revolución democrática y cultural.

Toda la acumulación revolucionaria histórica, constituyó nomás una generación, una Generación Evo, que reconoce el quiebre histórico de Evo Morales, porque hay un antes y un después de Evo. Es esa Generación la que apartada de la “vergüenza social” que teoriza muy bien el sociólogo francés Pierre Bourdieu, al igual que la ciudad de El Alto comienza a empoderarse, comienza a luchar por reivindicaciones tan importantes por ser tan esenciales.

El Teleférico es una pequeña muestra de la integración de la ciudad de El Alto, una ciudad denominada en el pasado “ciudad dormitorio” porque todos los alteños salían desde muy temprano de sus hogares a trabajar a “la ollada” y volvían directamente en la noche para descansar, dormir y empezar al día siguiente una nueva jornada de similar trajín. Hoy las familias alteñas pueden bajar y volver a subir a ciudad en pocos minutos, pueden ir hasta Irpavi y disfrutar de un Megacenter, espacio antiguamente exclusivo para familias de la zona sur de la ciudad de La Paz por la distancia y el tiempo que le llevaba a un alteño llegar hasta allí.

Es la Generación Evo tan agradecida con El Alto porque se formó con sus luchas antineoliberales, la que comparte con esta ciudad el profundo espíritu antiimperialista, es esta generación la que rinde tributo con su militancia y todo su trabajo a esta ciudad valerosa, a esta ciudad de ideales jóvenes y renovados, de ideales revolucionarios. Porque con El Alto todo, sin El Alto nada. El Alto siempre de pie, nunca de rodillas.

*Gabriel Villalba Pérez milita en la Generación Evo, conductor del programa radial Sangre Combativa.

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