Demanda Marítima

Por: Bernanrdo Vargas - @bevargasrivera

Estos días una sensación diferente se percibe en las calles, una convicción colectiva de estar haciendo las cosas bien. Es el orgullo de ser boliviano, ya que la causa marítima, como pocas, cohesiona nuestra sociedad, pero ¿Cuál es el motivo de tanto entusiasmo?

En varias oportunidades Bolivia efectuó gestiones bilaterales con Chile y multilaterales buscando la solidaridad internacional con la causa marítima. Pero pese al compromiso chileno en diferentes oportunidades, solo se quedó en acciones dilatadoras que ofendían nuestra sensibilidad nacional.

Desde el 2006, el gobierno boliviano asumió esta política de Estado, continuando el proceso de diálogo iniciado el año 2000 (agenda de los trece puntos). En un principio Chile se mostró concertador, pero el diálogo no prosperó y en 2010 -ante el emplazamiento del gobierno boliviano increpando a Chile-, la diplomacia anacrónica impuso sus criterios y la respuesta fue una negativa rotunda a la solicitud boliviana.

En 2011 el presidente Evo tomó la decisión de acudir a la justicia internacional para buscar el fin de nuestro enclaustramiento, y esta decisión cambió la historia. Pasamos del largo lamento a la acción concreta. Pese al escepticismo de algunos, el Gobierno nacional junto a expertos en derecho internacional, expresidentes y excancilleres, construyó una estrategia sólida y consistente, analizando cuál sería el petitorio de la demanda, los fundamentos jurídicos y la instancia pertinente para conocer esta acción.

En 2012, se ratificó el Pacto de Bogotá, y en 2013 Bolivia inició formalmente ante la Corte Internacional de Justicia una demanda para solicitar a Chile la negociación de una salida soberana al mar. El 2014 presentó la Memoria de la demanda y Chile por su parte impugnó la competencia de la Corte, a lo que Bolivia también respondió. Este mayo de 2015 Chile presentó sus alegatos sobre la impugnación, y Bolivia sus argumentos al respecto incluyendo la réplica y dúplica respectivas, seguidas con expectación. Tal es así que incluso se escuchan voces chilenas de preocupación, pero también a favor de la causa boliviana. Y no es casualidad, pues es innegable la solidaridad que ha generado la lucha del Presidente por consolidar la integración Latinoamericana. Estas acciones han recuperado la dignidad de nuestro país que dejó de mendigar por lo que por derecho le pertenece, para exigirlo con entereza y respeto, esbozando argumentos legales pero también acudiendo a la solidaridad, la reciprocidad y la justicia que son idiomas de los pueblos.

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