Derrotar e Incorporar

Derrotar e Incorporar

Por: Gabriel Villalba Pérez*

Allá por el año 2005, cuando solo tenía 12 años, recuerdo a la perfección la campaña electoral de terror contra el movimiento al socialismo y en especial contra Evo Morales, en ese entonces candidato a la presidencia. Se decía que, de ganar las elecciones Evo Morales, se suprimiría la propiedad privada, que Estados Unidos dejaría de comprar nuestros productos y la cooperación internacional se retiraría cosa que conduciría a una crisis económica y social. Los sectores empresariales advertían que de ganar Evo Morales las elecciones, su única alternativa seria dejar el país. La campaña mediática fue un bombardeo despiadado cargado de racismo y suposiciones infundadas altamente alarmistas y catastrofistas.

Lo cierto fue que el país se encontraba asteado de un estado neoliberal caduco incapaz de resolver los graves problemas sociales demandados por la gran mayoría popular. Recuerdo las batallas que derrocaron al régimen neoliberal: La Guerra del Agua el año 2000, cuando tenía 7 años, que se desarrolló en la ciudad de Cochabamba ante la arremetida de un consorcio trasnacional, Aguas del Tunari, que pretendía lucrar aun mas con la población empobrecida, aumentando la tarifa del agua en un 20% y cobrando por todas las instalaciones hechas por la gente. Recuerdo la Guerra del Gas, a mis 10 años, el año 2003 en la ciudad de El Alto, cuando el pueblo salió en defensa de nuestro gas que pretendía ser exportado a precios ínfimos cuando ni siquiera se cubría la demanda interna. Ambas batallas reprimidas policial y militarmente dejaron mártires anónimos que nos permitieron avizorar, creer y seguir luchando por un horizonte diferente al neoliberal.

Recuerdo cuando Evo Morales ganó las elecciones con más del 54% del total de los votos, el nuevo gobierno se planteó la nacionalización de los hidrocarburos, la convocatoria a una asamblea constituyente y políticas de construcción posneoliberal.

Vino el 2008, el golpe cívico prefectural con la toma de instituciones de forma violenta perpetrada por grupos reaccionarios de ultraderecha con tendencias fascistas y racistas en lo que se denominó “La media luna”. Derrotadas esas últimas trincheras de oposición recalcitrante, se promulga el 2009 la Nueva Constitución Política del Estado dando paso al Estado Plurinacional y a la revolución democrática y cultural.

Debemos estar conscientes que en 10 años, 5 fueron de recuperación del estado para los bolivianos, arrebatándolo de los intereses ultraconservadores y neocoloniales de esa derecha reaccionaria anti-patria y anti-pueblo. Y otros 5 años de gestión pública propiamente dicha con un Estado Plurinacional recién consolidado.

Todo este proceso histórico es muchas veces olvidado u omitido por esta nueva generación ultrapolitizada, nacida a la vida política en tiempos de Evo. Se reproduce un circulo vicioso de: Olvido y/o negación de nuestras raíces populares y luchas sociales – creencia de partencia a la burguesía/oligarquía – reproducción de odio racial y/o cultural expresado en una oposición irracional que se opone por oponerse, que no construye ni propone una alternativa de país.

Ahora bien, el desafío de la revolución democrática y cultural debe centrarse en la incorporación de esas capas sociales reticentes al proceso ya sea por desconocimiento, falta de información o simplemente por la ultrapolitización despolitizadora (un ejemplo es “Calle 7” que es en mi opinión el programa más político porque despolitiza a la juventud, y no hay acto más político que plantearse como objetivo despolitizar).

La base social de este proceso es evidentemente la clase popular y la indígena originaria campesina, pero para ser un proceso totalizante no debe limitarse única y exclusivamente a esta base social. Debemos apartarnos paulatinamente de la vergüenza social característica de la clase popular y empezar a perforar capas sociales que hace 10 años eran impermeables. Adquiere suma importancia hoy más que nunca la formula Gramsci – Lenin – Gramsci de construcción de la hegemonía en un campo político de superestructuras en constante cambio y donde se debe derrotar al enemigo esgrimiendo las ideas revolucionarias socialistas, los nuevos paradigmas civilizatorios y los logros de este gobierno. En el campo de batalla de las ideas debemos derrotar e incorporar. Tenemos todo para hacerlo, solo hace falta la voluntad.   

 

*Abogado, militante de la Generación Evo y conductor del programa radial Sangre Combativa.

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