EL INDIANISMO

Por: Carlos Macusaya - @CarlosMacusaya

El indianismo es una corriente que emergió entre los aymaras, en un tiempo en el que la problemática de la racialización era pasada por alto. Su irrupción político-ideológica permitió desnaturalizar aquellos aspectos de la vida social que no merecieron reflexión seria por la intelectualidad blancoide, pues implicaba un cuestionamiento crudo a la “racialidad” del poder. Pero, lo más importante, es que logró perfilar los elementos básicos en la constitución de los sujetos racializados como sujetos políticos que buscaban gobernarse y gobernar a los “otros”.

La elaboración de una contra-historia, que fue erosionando las certezas del nacionalismo revolucionario y que permitió forjar una conciencia política, principalmente entre los aymaras, es un rasgo básico del indianismo. Este aspecto está articulado medularmente a una caracterización básica y elemental de las relaciones sociales racializadas en la estructura económica y estatal. Lo que permitió percibir que una organización política, formada a partir de la condición de racialización, era una condición básica.

La proyección de un sujeto político que nace de la condición de racialización también implicó, como es de suponer, la formulación de un proyecto. Este proyecto apuntaba a los rasgos sociales que muchos indianistas vivieron en sus lugares de origen, pues los procesos de proletarización los llevó a problematizarse su nueva situación, dirigiendo sus reflexiones a la vida rural, en contraste con su vida suburbana, proyectando así un ideal político que, intuitivamente, perfilaba algunos aspectos de lo que hoy se conoce como subsunción formal.

Pero además, el indianismo logró nutrirse y articular a sus planteamientos algunas reflexiones surgidas en otras latitudes y entre poblaciones racializadas como África (Fanon) o Estados Unidos (Carmichel). Con ello, se clarificó el papel del “indio” como sujeto revolucionario, a la vez que politizó intensamente los elementos que la dominación blancoide había identificado como signos de inferioridad: idioma, vestimenta, apellidos, color de piel, etc. Así, la palabra indio se volvió en una categoría política que permitía identificar una situación de dominación que no se podía nombrar con la palabra campesino ni obrero.

La irrupción en la lucha política, a partir de una organización propia, arrancó en 1960, con la formación del Partido Agrario nacional (PAN); en 1962, le siguió el Partido Indio de Aymaras y Kechuas (PIAK) que, en 1966, tomó el nombre de Partido Indio Boliviano (PIB). A finales de la década de los 60s se formó, en la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), el Movimiento Universitario Julián Apaza (MUJA) y, en 1969, se fundó MINK’A, la primera asociación de profesionales “indios”. En mayo 1978, se fundó el Movimiento Indio Tupaj Katari (MITKA), organización indianista que logró incursionar en la lucha política formal en Bolivia, participando en un par de elecciones y obteniendo representación parlamentaria. En la primera mitad de los años 80, una fracción del MITKA decide tomar otra vía y forma el Ejército Guerrillero Tupaj Katari (EGTK), proyecto que fue ahogado a inicios de los años 90s.

En 2000 y 2001, el indianismo emerge nuevamente con fuerza durante los bloqueos aymaras, posicionando ideas clave: el orgullo de ser “indio” empieza a florecer, a la vez que se cuestiona el orden establecido; se empieza a hablar, con más intensidad, sobre el papel del Estado y del “indio” como sujeto mandante. Tales ideas erosionan las certezas neoliberales y perfilan lo que después será la elección de Evo Morales como primer presidente “indígena” de Bolivia.

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