Entre el Estado y la sociedad: El sí y el no

 

Coautoría: Inti Rioja y José Llorenti

Algunas ideas para entender el análisis electoral mediático

Las campañas electorales para decidir si la población desea que el Presidente Evo Morales pueda postular una vez más a la presidencia (2020-2025) han comenzado. Sin embargo, en este artículo no quisiéramos expresar razones politológicas o sociológicas, ni teóricas, de por qué apoyar o no apoyar una posible reelección más por Evo Morales, sino, más al contrario, quisiéramos dilucidar el campo mediático y electoral en el cual se desempeñan los dos bandos, es decir, exponer algunas ideas en el ámbito comunicacional y discursivo que empapan todo el quehacer diario de las campañas electorales actualmente.

Sin lugar a dudas la apuesta por el sí (o sea, porque Evo pueda postular una vez más para poder ser presidente el 2020) es más complicada que votar por el no, ¿por qué? Porque el “Sí” es eminentemente político y por ende es ideológico y responde a la continuidad de un proyecto político e histórico explícito, con esto nos referimos, a que el voto por el “Sí” acarrea la relativa politización del votante, a diferencia de lo que podría significar el voto por el “No”, que, al contrario, no tiene un proyecto político. El voto por el “No” se plantea sobre la base de una despolitización del votante, y un “empoderamiento ciudadano” que astutamente plantea la oposición encubriendo sus intereses políticos tras una tez des-ideologizada y estrictamente cívica. (Para votar por el no, no necesitas pertenecer a ningún partido, ni siquiera apoyar a algún líder opositor simplemente no estar de acuerdo con Evo Morales).

Pero vamos por pasos. Con la despolitización del votante por el “No”, no nos referimos a que votar por el “No”, es no hacer política (sabemos que es una condición ontológica del ser humano hacer política), nos referimos a que no existe la necesidad explícita de comprometerse con ningún proyecto político e histórico, por consecuencia lógica, el votante por el “No”, no tiene por qué decirse partidario de una ideología – aunque la tuviera- sino simplemente estar en contra de algo por preceptos morales, éticos, materiales o simplemente culturales, en este caso particular, estar en contra de que Evo Morales pueda reelegirse por una gestión más.

En cambio, el votante por el “Sí” acarrea, de alguna manera, la necesidad de respaldar un proyecto político e histórico, acarrea la necesidad de compromiso, de hacer política explícita y de, en el futuro, ser responsable de sus decisiones. Es un compromiso político. De esta manera el votar por el “Sí” responde, sin lugar a dudas, a que las personas –tan influenciadas en la actualidad por la atomización social, por el corto plazo en sus decisiones, por el hedonismo, por el poco compromiso en sus relaciones personales, de pareja, o sociales, etc.- se vean en la necesidad de tomar partida y dejar esa condición cómoda de “no hago política” y de “no tengo ideología”, para tomar conciencia de sus necesidades y por ende, de impulsar la posibilidad de ser libres.

De esta manera se podría dilucidar que votar por el “No” responde a un criterio cómodo de la sociedad actual: no compromiso, no ideología, no proyecto, supuesta libertad sin responsabilidad, y que el “Sí” responde más bien a una idea de: compromiso, proyecto político-ideológico, y libertad dentro de los marcos de las relaciones sociales construidas históricamente. Como dijimos al comienzo, es más complicado votar por el “Sí” que votar por el “No”, debido a que la carga simbólica y política que el “Sí” pregona va en contraposición de lo que la sociedad actual quiere. Desde el advenimiento del neoliberalismo con la incorporación de preceptos posmodernos simploides (el posmodernismo es una corriente definitivamente compleja como para reducirla de esta manera, por eso agregamos el adjetivo “simploide”), la influencia excesiva de los medios masivos de información, de una cultura subordinada a las lógicas de la reproducción ampliada del capital y de la identificación de las necesidades de las personas con las necesidades del mercado; la sociedad se ha visto ante un hecho muy particular: el no-importismo político, el rechazo a cualquier tipo de ideología, la negación con cualquier tipo de relación con un pasado político, y el fatalismo y la decepción por cualquier intento de cambio social y político. Por esta razón el votar por el “Sí” es más complicado que votar por el “No”, porque el “No” se acopla perfectamente a estos hechos, es decir, al no-importismo político, al rechazo a las ideologías, a las decisiones a corto plazo, etc.

El “Sí” como parte del Estado y el “No” como parte de la sociedad civil

Sin embargo, es menester recalcar otro hecho muy particular que también influye en este sentido. Fácilmente podríamos decir que el 2005 cuando Evo Morales ganó el gobierno central existían las mismas condiciones sociales, lo que, en efecto, es cierto, y de alguna manera negaría toda esta hipótesis que se expresó anteriormente, empero, hay que resaltar que existe otra arista que coadyuva al análisis anteriormente realizado y es la dicotomía entre: El Estado y la denominada sociedad civil.

El 2005 Evo Morales llega al poder, con un discurso que rompía con todo lo aseverado hasta el momento, es decir, que era un discurso profundamente político y profundamente de compromiso de la sociedad con el quehacer político, sin embargo, en ese momento el Movimiento Al Socialismo (MAS) y Evo Morales, no provenían de las esferas estatales, es decir, no conducían directamente el Estado, tenían mayor relación con la sociedad civil, por lo cual su discurso como emisores gozaba de mayor credibilidad, a diferencia de lo que pasa ahora. Actualmente el discurso por el “Sí” –además de ser eminentemente político- tiene como emisor fundamental al Estado, esto quiere decir, que es el Estado quien demanda el voto por el “Sí”, lo que de alguna manera crea cierta reticencia  en la sociedad civil y en las personas que no tienen una relación directa con el Estado o que simplemente no creen que el Estado pueda paliar sus necesidades.

En pocas palabras, tenemos no sólo un discurso político y de compromiso ideológico por el “Sí” sino que también tenemos un emisor que es eminentemente político que es el Estado. En cambio, el “No” tiene un discurso despolitizante y poco ideológico que tiene por emisor a la misma sociedad civil, esto entendido en el marco de una campaña electoral y un análisis mediático de la situación política actual, no así de una lectura sociológica o politológica.

Al ser el emisor principal del “Sí” el Estado, el mensaje emitido está empapado de todo lo que el Estado es, es decir, que acarrea todo lo que el Estado simboliza para la gente: burocracia, corrupción, negligencia, etc., de la misma manera como los medios de comunicación y columnistas de la oposición han ido preparando el camino para el “No”, es decir, han ido quitando validez al interlocutor del “Sí” (al Estado) creando cierta reticencia en el perceptor del mensaje; a diferencia de lo que sucede con el “No”, que al tener de emisor a la misma sociedad civil da la impresión de que es un sentimiento exento de ideología y que es un mensaje que está eximido de las taras del Estado, de la burocracia por ejemplo. Empero, se puede avizorar algunos problemas en esta estrategia por el “No” ante la incorporación de agrupaciones políticas como Sol.Bo o Unidad Nacional (UN) a su campaña, quitando cierto grado de legitimidad a su mensaje.

Asimismo, dentro del análisis de los mensajes dentro de una campaña electoral es fundamental que el mensaje emitido provenga de un lugar creíble, por lo cual se corrobora la primera hipótesis planteada que dice que el votante promedio por el “Sí” efectúa su voto, fundamentalmente, por un compromiso político, tanto por su confianza en el Estado como emisor, como por su confianza en el proyecto político como mensaje. El “No” goza de un interlocutor, de un emisor, válido, (en muy pocas ocasiones la sociedad civil puede no ser válida como emisor al ser el basamento de cualquier decisión democrática) y transmite un mensaje que no acarrea compromiso político por lo cual es más fácil votar por el “No” que por el “Sí”.

Contexto socio-económico en Bolivia

Otra arista en el análisis a tomar en cuenta es el público meta al cual se debe dirigir el mensaje y el contexto en el que este público meta se desenvuelve. En los últimos 10 años de gestión del gobierno del Presidente Evo Morales la composición de la sociedad ha cambiado considerablemente, de una sociedad explícitamente de castas y de clases sociales ampliamente diferenciadas y pigmentadas por el color de piel, se ha cambiado a una sociedad con amplia movilidad social, con una extinción paulatina de las castas sociales (aún vigentes), un aumento considerable de las clases medias urbanas y de sus parámetros de consumo, y una reducción de las brechas entre ricos y pobres (véase el índice de Gini y la relación entre el 10% más rico del país y el 10% más pobre del país), además de que más de 2 millones de personas dejaron la extrema pobreza en esta última década.

Asimismo, Bolivia es una población joven, es una población donde una considerable porción del electorado es joven y son personas que han crecido con el gobierno del Presidente Evo Morales, la población de entre 18 y 30 años es la segunda más alta después de la de 31-46 años, y se encuentra en aumento; lo que de alguna manera impele a las organizaciones política a actualizar sus propuestas políticas y re-configurarlas para estar en sintonía con los nuevos hechos sociales.

Al convertirse la clase media en el público que definirá el referéndum, y al ser categorizada ésta como proclive a la despolitización, a la carencia de ideología, a los vaivenes del mercado laboral y al verse involucrada su existencia: al aumento del excedente económico en el país y de mayores oportunidades económicas, es una grupo social que demanda otro tipo de objetivos electorales y políticos, es decir, soluciones a corto plazo, cosa que el “Sí” de alguna manera no acarrea y que el “No” –al ser la negatividad sin compromiso- si lo hace.

Es en este contexto donde las dos propuestas pugnan el electorado.

Apuntes finales

En relación a todo lo que se dijo, se podría concluir que los personeros encargados de realizar la campaña por el “Sí” deben tomar en cuenta que su mensaje no puede provenir del Estado, que su público meta –la clase media urbana- no necesita comprometerse políticamente –o no por el momento- con ningún tipo de ideología, por lo cual su mensaje debe cambiar la lógica de: “Con Evo el PIB subió X”, o “Con Evo tenemos más carreteras”, etc, y debe utilizar otro tipo de argumentos para aproximarse a un electorado profundamente des-polítizado y con intereses muy diferentes. La riqueza del “Si” se ancla en su carácter inclusivo, ya que incorpora entre sus beneficiados incluso a las personas que vayan a votar por el “No”, esto quiere decir, que de alguna manera el voto por el “Si” y por continuar con el proyecto político vigente, abraza a las personas que votarían por el “No” lo que construye cierto imaginario de estabilidad social y política que el “No”, no puede ofrecer. En referencia a las personas que pregonan el voto por el “No”, tiene el campo abierto para realizar cualquier tipo de campaña que no exceda la politización que el “Sí” propone, pero si estas personas desean convertirse en una opción política que dispute la hegemonía al gobierno del MAS y que su campaña electoral no se reduzca simplemente al eterno opositor sin propuestas, deben saber cómo llevar todas estas ideas y mensajes electorales como el “Todos podemos ser Presidentes” a propuestas políticas serias que disputen el sentido y la hegemonía del gobierno del Presidente Evo Morales y puedan incluir en sus propuestas políticas incluso a aquellas personas que votarían por el “Sí” el siguiente 21 de febrero.

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