GEODOMINACIÓN-LIBERACIÓN

Por: Gabriel Villalba Pérez

Twitter: @GaboVillalbaP

Hablar de geopolítica necesariamente implica adentrarse en el estudio de las lógicas de dominación económica, política y cultural mundiales en sus diversos matices y trasfondos. Implica un ejercicio, para muchos difícil, de apartarse sólo por un momento de la política doméstica para analizar el mundo y el concierto de los más relevantes acontecimientos internacionales, identificando su intencionalidad y repercusión en el contexto mundial, regional y nacional. Sin duda, una lectura geopolítica brinda insumos para un análisis serio y completo. Lenin ya en 1917, en su obra: “El imperialismo fase superior del capitalismo”, explicaba el funcionamiento internacional de jerarquías entre las potencias mundiales y el resto de los países. El rol de las potencias en la cadena imperialista de alianzas, dependencia y sometimiento. Las estrategias de dominación imperial paulatinamente se reinventaron e incorporaron nuevos elementos objetivos y subjetivos, estudiados hoy por la geopolítica.

Rescatando la obra de Lenin, Immanuel Wallerstein desarrolla la categoría “Sistema Mundo”. Explica el sistema de centro-periferia. Centro las potencias mundiales con objetivos geoestratégicos determinados, de desarrollo industrial pujante y maquinaria bélica moderna para prevalecer sus intereses. Y periferia, el resto de los países destinados al despojo y enajenación, violentados e incorporados en este “sistema” únicamente en virtud de las necesidades de las potencias centrales.

Así, se puede vislumbrar, que el imperialismo no es un fantasma o un invento. Se nutre del sistema capitalista, de las lógicas mundiales de dominación y de la enajenación política, económica y cultural. Sobran los estudios de las estrategias de dominación imperial que no son únicamente militares o económicas, sino fundamentalmente culturales y tecnológicas.

No sirve solamente entender las lógicas de geodominación y sus mutaciones. El desafío está en plantearse estrategias de liberación efectivas como alternativas al sistema imperialista, desquebrajado en cierta medida por la emergencia de nuevos actores preponderantes como el grupo BRICS, una Rusia que intenta disputar el título de hegemón, una Europa pasiva, la emergencia de India, una China poderosa y pujante, una Latinoamérica que dejó de ser La Gran Isla Americana (norteamericana) para proyectarse como la Patria Grande articulada como bloque político y económico con relevancia mundial al ser el continente con mayor biodiversidad, mayor reserva de agua dulce, contener la reserva de litio más grande del mundo (el petróleo del futuro) y con una coerción política ideológica importante.

En este escenario mundial la transición de una condición de geodominación a una geopolítica de liberación implica: Terminar con la dictadura financiera de Wall Streat que lucra con la especulación, esto es derrocar al dólar como moneda global. Generar nuevos paradigmas civilizatorios propios en contraposición al neoliberalismo, capitalismo e individualismo. Defender fortalecer y reproducir las construcciones postneoliberales. Deconstruir la cultura eurocéntrica, generando valores culturales propios imponibles a través de los medios de comunicación masiva, descolonización superestructural. Apuntar a la liberación tecnológica científica y fortalecer los organismos de integración regional. La geoliberación parte del legado del pensamiento crítico de Marx y nos exhorta a repensar nuestra Patria Grande por compromiso y amor con nuestra patria chica, nuestra Bolivia.

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