HACIA UNA JUSTICIA DE LOS PUEBLOS INDÍGENA ORIGINARIA CAMPESINA

Por: Edwin Fernando Quispe Choque -ILLAPA- TSC-B Antecedentes para una justicia de los PIOCS, primera parte.

Un mundo lleno de alimento. Donde reinaba abundancia, no para uno, sino, para todos; donde todos trabajaban sin ninguna explotación; donde lo prohibido era ser pobre, ser flojo, ser mentiroso y ser ladrón; donde el hombre y la mujer eran uno complemento y reciprocidad. Donde los recursos eran repartidos a todos y todas por igual, ni uno estuvo sin economía. El pensamiento era tackpach jaqinakaj mayachasit sarapjam, jan qhitis khepphanti, janirack qhitirus cunas tackphanti y tackenis tackhe cunanipphan. Hasta que: los españoles en 1492 llegaron a las tierras de miel, leche y felicidad distintamente organizada y con grandes dotes de adelanto. Esto los levanto la avaricia individual despertando lo que realmente eran. Ladrones y asesinos, violadores y saqueadores. Eran pura prostitución, aunque agarraban, por un lado la biblia y por el otro la espada que violentaría al pueblo armonioso de Abya Ayala.

Dícese que vinieron a humanizarnos, cristianizarnos y sacarnos de la bestialidad. ¡Mentira! Lo que trajeron fue exploración, invasión, ocupación y colonización, penalidades, llantos, sufrimientos violaciones, despojos, muerte y luto. Ellos pensaron que eran los únicos civilizados. Entonces, todos deberían convertirse como ellos, “civilizados”. De todas estas aberraciones tuvo que levantarse un hombre, pero hombre a favor de todos y todas, y darles una lección a estos invasores que nada tenían de humanidad. Este gran hombre noble, fuerte, inteligente, audaz y prudente es: JULIAN APAZA. Cóndor que se elevo para observar y proteger a sus descendientes, condescendientes y ajenos. Viendo las iniquidades que arremetían contra los pueblos aquellos invasores que se sentían dueños de las tierras y sus pobladores, decidió defender a su pueblo e ir contra ellos. Los ayllus listos para la lucha con hondas, piedras, garrotes, manos y dientes. Los líderes y los propios indios. El legado; “…invadir las poblaciones matar a los españoles y quitarles sus armas y sus bienes…”. Los gritos “¡Takpacha sayttañani!, ¡tukupacka lurañani! ¡mistinaka jihuayañani!”. Ahí Julián fue proclamado Inca Virrey. Y como Virrey ordena: el ocultamiento de los alimentos y a la organización. Luego, Chuquimamani le pone el apelativo TUPAC KATARI. Y entonces se estremece la noche con grandes gritos que a la voz decían “¡Hallalla Tupac Katari! ¡Hallalla!”, “¡Hallalla Tupac Katari! ¡Hallalla!”, “¡Hallalla Túpac Katari! ¡Hallalla!”. La voz del los indios resonaba y hacía temblar a los vientos. Mientras, Segurola aumentaba el veneno contra los indios. Y decía que esta revolución era una revolución de “… víboras, de serpiente” e informado por un cura de Viacha, que decía que eran los indios comandados por un campesino que le llamaban TÚPAC KATARI, Virrey de los indios y que pedía la “vuelta al Imperio Incaico, el exterminio de los españoles, la negación de los catolicismos…”.

TÚPAC KATARI dando la orden de que solo se hablase el aymara y el quechua va matando españoles llevando como emblema la siguiente frase: “he determinado sacudir este yugo insoportable y contener el mal gobierno que experimentamos de los jefes, por cuyo motivo murió el corregidor de tinta en público”, llegando así los mensajes de lucha a los oídos de los Indios con fuerza y firmeza diciendo; “ahora hacemos el ánimo de acabarnos todos, con el fin de que no haya mestizos ni para remedio; pues nuestro asunto es morir matando pues todos estos tiempos hemos estados sujetos, o por mejor decir, como esclavos (…)” y si se rindiesen se salvarán, “si despreciando esta mi advertencia hicieren lo contrario, experimentaran su ruina, convertida mi mansedumbre en saña y furor (…) los sacerdotes tendrán…el debido aprecio y acatamiento a sus estados, y del mismo modo las religiones y monasterios, siendo mi único ánimo cortar el mal gobierno de tanto ladrón que nos roba la miel de nuestros panales”. Mientras la lucha se agudizaba el pueblo opresor languidecía por el hambre, la enfermedad, la desesperación, y la preocupación. “…La situación era deplorable. Los gastos de la real Hacienda aumentaban en progresión geométrica mientras sus ingresos disminuían. El comercio estaba casi extinguido por falta de seguridad en los caminos. Las haciendas, minas y obrajes permanecían en el más completo abandono; el número de Indios, las verdaderas riquezas de las Indias” se había reducido considerablemente en números por las guerras, las enfermedades y deficiente alimentación”.

Todo esto sucedía en la ciudad, los indios levantados dando ejemplo para la liberación del pueblo subyugado hasta la traición del propio indio, haciendo apresar a la compañera fiel y guerrera, Bartolina Sisa. Incluso ello, no redimía a Túpac Katari de la gran revolución para la liberación. En ocasiones llegaban los oficiales para ofrecerle cambio, Bartolina Sisa por la pacificación y olvido de la gran revolución, expresando que “retire las tropas y deje en paz a la ciudad” a cambio de la vida de su esposa Bartolina Sisa. A lo que él respondía: “¿Crees que venderé a mi pueblo al precio de mi debilidad? ¡Oh, no, señor oficial tu jefe está equivocado…!”, más bien (…) al contrario, mis condiciones son estas… “Primero: entrega discrecionalmente de todas las armas; segundo: allanamiento de los fuertes; Tercero: que me sean entregados los corregidores; Cuarto: que los europeos salgan a sus tierras y Quinto: que también me sean entregados los aduanitas, oficiales reales, hacendados y curas párrocos…” dicho y hecho sofocaba al enemigo. Y utilizaron al propio indio como enemigo para vencerlos y de esta manera la traición se hace presente capturando a TUPAC KATARI. Éste, golpeado y botado al calabozo era visitado por los curas, para deciros que se arrepienta para que Dios lo perdone por todo lo que hizo y que su hora se acercaba. El Virrey mirándolo con fuerza y retadora le dice: “No tengo de que arrepentirme. Viví como un hombre y como tal, con acierto y errores, a ciegas con mi destino…”

Así llego la hora de un gran líder, un revolucionario, un ejemplo y una vida. TUPAC KATARI cortado la lengua, descuartizado con caballos que le hacían gemir de dolor, que antes de morir nos dio su último mensaje:

“NAYA SAPAJARUKIW JIWAYAPXITATAXA NAYXARUSTI WARANQA WARANQANAKARU TUKUSAW KUTT´ANI”

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