La metafísica del dominador

En fecha 17 de marzo del presente año la nota editorial del periódico Los Tiempos de Cochabamba tituló: ¿Quiénes votaron por el Sí? Escrita por un señor de nombre Cristobal Maclean, que en cortas líneas vocifera de una manera casi excéntrica contra todas las personas que votaron por el Sí en el pasado referéndum del 21 de febrero, haciendo una tipología de las personas que habrían optado por esa opción.

El simpático  autor hace un tributo a la estulticia y un abuso de la libertad de expresión; y  demuestra una cierta obsesión por el “coeficiente mental” de las personas. En repetidas ocasiones habla que las personas que votaron por el Sí, son “menos educadas” que “no pueden escribir un párrafo correcto de cinco líneas”, que estas personas serían “más súbditos que ciudadanos”, y finalmente concluye diciendo que en el campo donde ganó el Sí la gente tendría un coeficiente intelectual menor.

En fin, la obsesión de algunas personas por calificar a otras de “menos inteligentes” o “menos cultas” y de atribuirse a uno mismo el fuego de Prometeo, es similar a la de aquel colonizador español de 1492,  que consideraba al “indígena” como una máquina de carga, un ser arrojado a los trabajos manuales y materiales porque carecía del “alma” suficiente que sólo la razón moderna podría otorgar; también similar a aquella división social del trabajo realizada en la Grecia antigua entre quienes se dedicarían a desarrollarse en el mundo de las ideas y aquellas personas que serían eyectadas al mundo de la materia y al manejo manual de la naturaleza, y también a aquel macho dominador que es el único con capacidad de manejo intelectual en la familia mientras la mujer debería dedicarse a las labores del hogar.

¿Qué tienen en común esos ejemplos históricos? La dominación, el recuerdo del dominador, la memoria del vencedor, la autopromulgación de ser fuerte, la ventaja de ser advenido en el manejo intelectual, la ventaja de la escritura sobre la oralidad, la superioridad racial, la superioridad de clase y la creencia férrea que uno es heredero de los victoriosos de la historia. Sin lugar a dudas, la herencia de la soberbia intelectual y la anquilosada visión de aquel “salido” de la caverna platónica.

La verborrea de aquel señor, se adecua perfectamente al aristócrata criollo-mestizo que después de haber tomado un par de libros, y unas cuantas fotocopias osa calificar a otros seres como inferiores ante sí, ¡por supuesto! Quien podría tener el fuego de Prometeo a sus pies, sino él mismo.

Esa manifestación colonial, se hace ostensible en el odio plasmado en sus palabras cuando habla de “las personas del campo”. Alienado y arrancado de sus raíces o quizás importado por los vaivenes de la historia, el sujeto presume para sí, el mundo de las ideas y con desprecio y casi como aquel que escupe a otra persona en la calle, dice ser el mismo el representante de la Ilustración Europea.

Dedicarle a aquel heredero de los vencedores, mi profundo rechazo, y también mi completa admiración para conjugar verbos y adjetivos de una manera tan sagaz que sólo el odio y el resentimiento mestizo-blancoide podría realizarlo. La crisis del mestizo ante sí mismo, obliga a verse en el espejo como aquel triunfador de victorias pasadas, similar a aquel ser humano obsoleto que sin amor por la libertad y la historia se ve en el espejo y sólo ve “la nostalgia del pasado perdido” como una película en blanco y negro.

El autor es Comunicador Social, Ingeniero Comercial, Filósofo y escritor.
Miembro de Generación Evo

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2016-03-26 07:19:16

Huascar Da Silva

FASCINANTE el editorial, una respuesta de altura para los alienados.
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