MENTALIDAD LEGULEYA

Por: Gabriel Villalba Pérez*

Como estudiante de la carrera de Derecho de la Universidad Mayor de San Andrés**, próximo a titularme, quizá el contenido de este artículo genere molestia en mis compañeros de carrera, odio y repulsión entre mis docentes y se considere una traición hacia mi ‘gremio’, el de los abogados.
Sin embargo, próxima la Cumbre de Justicia, cuyos resultados pretenden ser una verdadera revolución y no simples parches reformistas, es menester realizar el siguiente análisis crítico, no tanto de la justicia en el país, que es una catástrofe, sino de lo superestructural de nuestro sistema judicial y nuestros operadores de justicia. Se debe deconstruir la ficción de la “independencia de los órganos” estatales. Ya que, al igual que los organismos bióticos todo ser humano está compuesto de órganos que cumplen una determinada función dentro de un sistema biológico interrelacionado coherentemente, ese el sentido de los ‘órganos’ estatales en contraposición a los ‘poderes’.
No podemos continuar con un órgano judicial carente de horizonte ideológico, de lógicas coloniales y corruptas de enriquecimiento, o sea un reducto de poder independiente y apartado de todo control social. La ‘independencia’ de este órgano supone cargar con un lastre que nos retrasa hacia la construcción de nuestro horizonte civilizatorio, el socialismo comunitario.
Poco o nada se enseña a los futuros abogados de los paradigmas civilizatorios modernos, cuya construcción conlleva horizontes judiciales modernos que debieran superar las lógicas coloniales y liberales. Se nos encuadra en un normativismo obsoleto alejado de nuestra realidad sociocultural, el normativismo kelseniano.
Debemos repensar el valor justicia y los mecanismos judiciales para su acceso, que para los operadores de justicia no parece ser prioritario, ya que se concibe una justicia igualitaria, donde “todos somos iguales ante la ley”, siendo, esta máxima, en la práctica la peor injusticia, ya que un litigante pudiente no es ni será igual a un litigante de escasos recursos. El valor igualdad debe ser reemplazado por el valor equidad, que en sí debe discriminar porque debe ser consciente de las desigualdades en el acceso a la justicia de unos y otros.
No es casualidad que solo tengamos una materia de filosofía del derecho, reculada de ser cursada por muchos estudiantes, siendo que el pensar nuevas lógicas judiciales debiera ser prioritario, partiendo del jusnaturalismo de Kant para entender la resolución de controversias en todos los ámbitos, en este determinado momento histórico.
El abogado hace mucho tiempo dejó de ser aquel profesional con consciencia de clase y lucha comprometida por los desposeídos, aquel historiador, político, estadista, filósofo, sociólogo, estratega, aquel hombre comprometido con su patria. Pasó a ser un leguleyo cuya mercancía son sus conocimientos dentro de un ‘poder judicial’ chicanero y corrupto que se mueve por dinero e influencias, pasó a ser el ‘aboganster’ sometido a los grandes capitales de sus clientes, olvidó a los humildes que alguna vez juro defender ante las injusticias.
La mentalidad leguleya hoy defiende un reducto de poder en el que se puede hacer y deshacer, el leguleyo es un perito en las artimañas del sistema judicial, un burócrata nato, ya que mientras más largo sea el proceso judicial más ganancia podrá generar exprimiendo hasta el último centavo del litigante, es un neoconservador que poco o nada entiende del momento histórico que estamos viviendo, un ser que le teme a la política porque sabe que únicamente con las decisiones políticas se generan los verdaderos cambios en las estructuras estatales, cambios que no le son favorables a su modus vivendi.
La Cumbre de Justicia debiera ambicionar una filosofía del Órgano Judicial consciente del horizonte socialista que se está construyendo, una justicia de valores socialistas de solución y reparación en vez de represión y sanción. Una justicia de estructuras desburocratizadas mediante consejos judiciales de resolución de controversias en el nivel central, departamental y municipal. Idear los mecanismos para un acceso a la justicia equitativo, coadyuvando más a los que tienen menos y menos a los que tienen más, porque en base a nuestras condiciones materiales no todos somos iguales ante la ley adjetivada por el sistema judicial actual. El control social debiera aplicarse también a los operadores de justicia que no detentan ningún poder más que el servicio a la comunidad con sus decisiones judiciales.


*Militante de la Generación Evo, conductor del programa Sangre Combativa.

**A la fecha es Abogado.

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