Neocolonizando El Alto

Por: Andres Velasco @avsix

Los resultados de las elecciones supranacionales actuales, efectivamente, dejan muchas lecturas: por un lado, encontramos lecturas triunfalistas e ingenuas de la oposición cavernaria y neoliberal que contempla al MAS, ‘herido de muerte’ y agonizante, en múltiples espacios mediáticos que provienen de famosos opinadores prepago y de activistas de Facebook. Por otro lado, encontramos lecturas más sobrias que perciben esta pérdida electoral como un sacudón político, resultado de un cálculo no tan acertado que tampoco implica avistar el final del Proceso de Cambio.

Más allá de las apreciaciones estadísticas, Álvaro García Linera comentaba, el mismo día de las elecciones, que en realidad “esto muestra que la población acompaña el proyecto, pero no estuvo de acuerdo con los candidatos que propusimos”. En este sentido, el proyecto del Proceso de Cambio sigue en pleno desarrollo desde el trabajo de los encargados de dar continuidad a los horizontes del Estado Plurinacional, y para pena de algunas élites, no existe duda alguna de su vigencia ni tampoco tiene síntomas de estar doblegado.

Sin embargo, es necesario mencionar lo acaecido en las ciudades con las respectivas pérdidas de las alcaldías del eje central del país. Destacan los resultados de la ciudad de El Alto, caracterizada por ser el referente de las luchas sociales, que ahora apoyan a un partido de oposición por dos razones: un desatino de reelección y, en esencia, porque la identidad sociocultural de El Alto ya no se siente identificada con la lucha del Proceso de Cambio.

Es necesario leer la realidad desde ese contexto. Pues de lo que antes había una identidad alteña de luchadores y luchadoras contra el neoliberalismo en tiempos de austeridad económica, como resultado de la relocalización minera de la década de los ochenta, ahora hay una generación que creció en tiempos de abundancia que no se siente identificada como pueblo en resistencia porque al contrario, está adscrita a una cultura neoliberal -considerándose mestiza, desde la mentalidad colonial que aún se arrastra – desde la que hoy en día quiere ser más ‘cosmopolita’.

La lógica de la política, de ahora en adelante, ya no podrá ser leída desde los referentes históricos del Proceso de Cambio de la década pasada, pues las cosas han cambiado en su enfoque. Lo que hoy, más que nunca, se debe estudiar para debatir, es la necesidad de una estrategia política comprometida con nuestro país, con tal de no perder el horizonte de visibilidad que nuestros movimientos sociales han proyectado.

El cambio de opción política en El Alto puede ser percibido como una renovación apolitizada de la democracia en esa ciudad, puesto que el eje discursivo se articula en torno a una buena administración pública sin corrupción y, esta figura, es recurrente en otros municipios que han elegido a sus alcaldes o alcaldesas en un popurrí de banderas políticas escudados en ese esquema.

De cierta manera, la corrupción ha sido un catalizador de la pérdida de la Alcaldía de El Alto, incluso para el Presidente Evo Morales, quien en una conferencia de prensa del pasado 30 de marzo, expuso: “lamento mucho que en La Paz hayamos perdido las elecciones ¿Qué pienso? Que han habido acusaciones, especialmente en la ciudad de El Alto y en el Departamento [de La Paz], muy fuertes en temas de corrupción. Si eso es verdad, quiere decir que el pueblo paceño ha dado voto castigo a la corrupción”.

En efecto, El Alto es víctima de una nueva oleada de colonización o neocoloniaje entre la lógica migrante- indígena despreocupada del empoderamiento político por diez años de estabilidad socioeconómica, cegada por el ‘hechizo’ del capitalismo que la ha mareado por el momento, y que la ha estancado evitando una renovación tangible aferrada al liderazgo de Evo.

Por otro lado quienes -desde un discurso imperialista- acusan que vivimos en una dictadura, sin libertad de expresión, ahora festejan la derrota del MAS y ya no pueden afirmar que el Órgano Electoral está cohesionado al partido de gobierno, pues su principal discurso ha sido destruido.

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