Neoliberales huérfanos en América Latina

Por: Jose D. Llorenti

Las oligarquías y las burguesías criollas en la región, y sus gendarmes militares como sus políticos a sueldo, han estado en un plano de subordinación notable  ante Estados Unidos a lo largo del siglo XX, con mayor hincapié en la segunda mitad del mismo, siempre fieles a los mandatos del gobierno estadounidense han reprimido y privatizado todo sujeto que se oponga a sus designios, y ahora están retomando el control de sus viejas colonias, por golpes judiciales como lo acaecido en Brasil con Temer como por medio de las urnas bajo el mandato del señor Mauricio Macri en Argentina, sin embargo ahora son otras las condiciones.

Comencemos…

La lógica del capital impele a construir sujetos dependientes y sujetos dominantes, el obrero y el capitalista, en gran escala esto se vislumbra como países colonizadores y colonizados, unos que se manifiestan generalmente en la esfera de la circulación y distribución mercantil y los otros en la producción, aunque por supuesto, esta dicotomía no es fatal. En otras palabras países que exportan materia prima y otros que la industrializan.

Los países que producen mercancías, generalmente de industria pesada y de tecnología de punta son aquellos que tienen mayor cercanía con el capital bancario mundial, la fusión de ambos, es decir, del capital productivo y del bancario crea el capital financiero; para que éste se manifieste y se expanda a escala planetaria necesita de un poder político que responda a sus intereses y por lógica también un poder bélico (citando a Foucault e invirtiendo a Clausewitz, la política no es otra cosa que la guerra por otros medios), que se osifican en un Estado-nacional hegemónico, en este caso tenemos a Estados Unidos.

Giovanni Arrighi, estructura cuatro ciclos de acumulación del capital, el primero en Génova que va de la mano de la colonización y el saqueo de América, el segundo con los Países Bajos (Holanda y Bélgica), el tercero con Inglaterra, y finalmente el siglo XX con Estados Unidos.

Hablando particularmente de Estados Unidos podríamos resaltar algunas características de su construcción como hegemón en la política mundial y en el sistema-mundo capitalista: la construcción de un sistema político democrático-constitucional profundamente institucionalizado, la construcción de sí mismo como sinónimo de modernidad y de racionalidad moderna, el impulso de una maquinaria de guerra que impulse su demanda y dinamice su economía y la construcción del rol económico-religioso de la blanquitud protestante como la construcción ontológica del éxito.

La construcción de la identidad nacional estadounidense ha tenido como pivote fundamental a la blanquitud como principio ontológico civilizatorio. El portador de la blanquitud (no siempre es una persona de color blanco aunque en sus orígenes así fue) es el fundador de una nación próspera, es el sinónimo de la civilización, la razón, los buenos valores y la religiosidad pura y verdadera. En línea con este discurso, el protestantismo luterano sería el impulsor fundamental de una ética del trabajo que encarnaría de mejor manera al individualismo burgués capitalista y al éxito económico individual.

Las élites en América Latina, fundamentalmente exportadoras de materias primas, han creado cierta relación de dependencia con el gobierno estadounidense, enviando materias primas a los grandes centros hegemónicos del capital mundial, e importando bienes industrializados o gastando sus ingresos en simplemente bienes suntuarios. Estas élites han operado bajo la misma episteme civilizatoria de la blanquitud estadounidense, han optado por blanquearse y dejar a sus países de origen solamente como fincas o feudos. Esta obsesión por mimetizarse como estadounidense ha obligado a estas élites a copiar de manera cuasi-mimética el modo de vida de Estados Unidos.

Esta matriz civilizatoria occidental y de raigambre blancoide, ha producido en las élites económicas de la región una dependencia política casi fatal, es decir, que las élites criollas latinoamericanas no han podido sentirse parte del desarrollo nacional de cada uno de sus países sino es a partir de los mandatos provenientes del norte, lo que por supuesto, reproduce sus condiciones de subordinados.

La victoria del señor Donald Trump ha dilucidado algunos puntos que dejan en la orfandad a estas élites acostumbradas al tutelaje:

Es en este contexto que los gobierno neoliberales de Macri, Temer, Bachelet, etc., deben posicionarse, en un contexto donde el gendarme del mundo se encuentra en crisis y el pragmatismo comercial chino asciende a un ritmo casi geométrico. China tiene como principales socios comerciales en América Latina a Brasil, Perú, Argentina, Chile y Venezuela; cuatro de estos cinco países se desarrollan o lo están haciendo bajo una óptica neoliberal, sus élites económicas locales han encontrado en China a un aliado poderoso, y, a pesar, de la ardua propaganda estadounidense anti-china que se desarrolla mediante su industria cultural  y sus medios de comunicación, es inevitable el abandono de sus colonias a quien, en otrora, fue su rector y gerente.

Es difícil predecir que el siguiente ciclo de acumulación se efectuaría en China (siguiendo el marco teórico e histórico propuesto por Arrighi), o si Estados Unidos sería la última gran potencia mundial en la historia como lo predijo Zbigniew Brzezinski y que ahora vendría un mundo multipolar sin un enclave hegemónico visible. Pero algo es cierto, seremos la generación que verá caer a Estados Unidos como defensor del mundo unipolar y como principal potencia hegemónica mundial, y también que la élites neoliberales de la región han quedado huérfanas ante el abandono estadounidense (aún imperceptible) y el pragmatismo chino mucho más fructífero para el comercio.

No es coincidencia, que personeros de Macri o defensores de Temer se hayan pronunciado a favor de Clinton en las pasadas elecciones, saben que el tutelaje y el apoyo político y logístico estadounidense está llegando a su fin y la necesidad imperativa de trabajar con China los obliga a convivir con un gobierno que no es precisamente el gran defensor de la democracia constitucional estadounidense ni de la blanquitud liberal, sino todo lo contrario. China opta por el pragmatismo comercial sin imponer políticas económicas y ni tampoco intervenir en asuntos de política exterior, prefiere el anonimato y no le importa si el gobierno con el que se relaciona es una monarquía teocrática, un populista de izquierda o un neoliberal…

La orfandad de las élites se vislumbrará de mejor manera en los siguientes años… eso que ni qué.

 

Extraido de: http://kaosenlared.net/neoliberales-huerfanos-en-america-latina/

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