Porque nunca está demás hablar mal de alguien

El andar constantemente en minibús por el centro de la ciudad te permite enterarte del chismerío popular que existe respecto a la política, te permite saber lo que pasa y lo que opina la gente, mientras finges estar dormido o estar escuchando música con audífonos. El encontrar a las personas hablando con esa soltura, como si nadie las estuviera escuchando, es sin duda causante de una de las mejores sensaciones que existen, esa erizante sensación de estar dentro de los pensamientos ajenos. Hay una parte que me llama la atención en particular, que es en la que “obviamente” hablan mal de los masistas, esas personas tan sucias, torpes, deshonestas, corruptas y bueno no continuaré porque sé que a todos les da ñañaras apenas pensar en ellos. Pero si enfatizo esa parte del chismerío es porque la construcción social del masista es sin duda uno de los más grandes espejos de nuestra Bolivia y si miramos ese espejo detenidamente tendremos mucho de qué hablar.

Hay muchas formas en las que podría abordarse la construcción social de un masista y es que este extraño ser aún impacta y atemoriza a nuestra sociedad.Por esa razón trataré de ser más preciso y hablaré de la construcción social del cuerpo de un masista. No de sus vestimentas o costumbres, porque de eso ya se han encargado muchos antropólogos e intelectuales de diversas áreas, sino de la estigmatización del cuerpode un masista, puesto que solo en tal desagradable se albergan los dos sentimientos más grandes que pueden existir, el miedo y el odio.

El traumático episodio en nuestra historia de haber perdido nuestros cómodos sillones en el palacio de gobierno a manos de nuestras empleadas y jardineros no es algo fácil de superar, más aún si pensamos que ya han pasado un poco más de 10 años desde que don Evo llegó a Palacio.Es por esta razón que, a pesar de la repugnancia que dan los masistas, no se puede evitar sentir un ligero escalofrío en la espalda cada vez que uno de ellos se nos queda mirando fijamente por la calle.

Al sentimiento de miedo también tenemos que añadirle la rudeza característica del masista, la cual puede apreciarse en los pequeños deslices violentos que ha tenido este pueblo en la historia.Ya con el cerco de Tupaj Katari a la ciudad de La Paz pudimos ver cuán inmisericordes eran estos bárbaros, tratando de hacer padecer y morir de hambre a una ciudad entera. Pero más importante que Katari fue Zárate Willka quien, en la Guerra Federal, junto a sus huestes, masacró a dos regimientos de soldados en retirada. Ambos hechos generaron tal pánico en la población, que hasta hoy es muy difícil de superar. Definitivamente, han afectado nuestra sensibilidad.

Otra innegable sensación que generan los masistases el odio. Esto se debe a la incapacidad de algunas personas de superar el trauma que ha dejado en la memoria don Evo al llegar al poder. Trauma que genera en algunas personas un sentimiento de nostalgia, ese breve y corto suspiro que pide entre murmullos y frases mal disimuladas recuperar a nuestras empleadas, sin tener que pagarles salarios, y que nuestros jardineros vuelvan a cortar el pasto por un plato de comida recalentada.

Pero como las cosas han cambiado y difícilmente volverán a ser como antes, hay personas que buscan volver atrás a cualquier costo y si para esto es necesaria la violencia, están dispuestas a pagar lo que haga falta para hacer justicia con aquellos masistas insolentes. Porque si el dinero todo lo puede pues también tiene que ser capaz de ajusticiar a todos aquellos que se han dedicado a quitar privilegios y dárselos a la gente.

Este miedo ratonzuelo y este odio visceral son los que acogen en sus brazos a la imagen del masista moderno, y aunque este ya no use ponchos ni ande descalzo sigue siendo aquel animal extraño que habita en nuestras urbes civilizadas. Estos masistas, que viven cada vez más escondidos en la sociedad pero cada vez más vivos en los adjetivos calificativos del habla urbana, constituyen sin duda un emocionante objeto de estudio.

Pero estos masistas, ante todo, han hecho todo mal. Se han dedicado a brindar apoyo económico a la población (incluso a los sectores que más los odian) dando hasta 3 sueldos en 1 mes, mejor conocido como el doble aguinaldo. Por otro lado, han eliminado los “gastos reservados”, han nacionalizado empresas, han hecho una reforma agraria e incluso se han atrevido a desobedecer las órdenes de los diversos embajadores norteamericanos, vaya osadía.

Pero al hacer esto han logrado que ahora nuestros jardineros sean choferes, han hecho que nuestras empleadas abran sus propios negocios y abandonen nuestras cocinas, han reducido la extrema pobreza a la mitad y han triplicado el PIB en 10 años. Todo esto nos hace preguntar lo siguiente: ¿Qué acaso el ser gobierno no se trataba de descuartizar a nuestros enemigos en las plazas, en vez de tratarlos como iguales? ¿Acaso no se trataba de hacernos ricos con los gastos reservados mientras la gente mendigaba por pan en las calles? ¿Acaso no se trataba de mutilar las empresas estatales para que los extranjeros vengan y nos salven con sus inversiones? ¿Acaso no era correcto que nos adueñemos de la tierra de los indios a través de políticas estatales? ¿¡Que no era verdad que solo si hacíamos caso a los norteamericanos nuestro país saldría adelante y algún día seriamos como ellos!?

Demasiadas frustraciones nos aquejan y como somos incapaces de entender lo que estamos viviendo, seguiremos usando la palabra masista para ofender a alguien. Porque tenemos que encontrar alguna forma de expresar esa ira que tenemos a esto desconocido que son los masistas y para descargar ese odio, nunca estará demás una buena ida en minibús, en compañía de un buen amigo para hablar mal de todos estos masistas roba sueños.

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