Que me enseñe Marx

14-03-16

Por: Valeria Silva*

 

Mi virtud favorita: la sencillez. Mi idea de felicidad: luchar. Mi idea de miseria: la sumisión. El defecto que más disculpo: la credulidad. El defecto que más detesto: el servilismo.

El antónimo de la sencillez es la altenería. El Modo de Producción capitalista dentro de su táctica y de su estrategia de desvinculación de las formas comunitarias ha financiado y promovido de diversas maneras la construcción de los egos, suplantando a la necesaria y obligatoria construcción subjetiva individual por el falaz planteamiento del libre mercado que plantea el encuentro de individuos libres en la cancha “mercado”. La vorágine y perversa competencia que establece el capitalismo enajena a los individuos, llevándolos al culto de uno mismo, a la altanería como ritmo de acción. La sencillez es, en este sentido y en ese mega contexto histórico-social una de las más genuinas formas de resistencia ante el capitalismo avasallante. Es la sencillez, además, también mi virtud favorita.

La lucha se opone conceptualmente a la pacificación. Silvio Rodríguez hablaba de la comprensión de la guerra como la paz del futuro, planteada ésta como revolución capaz de desordenar y patear las jerarquías capitalistas que han generado sobre todo sociedades angustiadas, deprimidas, consumistas y dependientes de las corporaciones, entre otras cosas. Sería alzar muros de los lamentos aceptar la angustia -impuesta por el capitalismo colonial- como estado de ánimo imperativo. Hacer posible la felicidad es construir y organizar las luchas que desmonten el sistema señorial y moderno. Mi felicidad no podría ser posible sin la lucha organizada de manera sistemática, en lo grande y en lo pequeño, en lo simbólico y en lo conceptual.

La sumisión, en un sentido más profundo es la contrapolarización de la autodeterminación. La miseria enajenante es el estado subjetivo perfecto para el desarrollo perfecto de la explotación. El momento en el que se pierden las batallas es el momento en el que se permite al contrincante apoderarse de uno mismo para pasar a ser sumiso, sometido. Miserables seremos ante nosotros mismos, ante nuestros pueblos, si permitimos que el fantasma del capitalismo nos someta, nos adormezca, nos drogue.

La credulidad está relacionada con la confianza. Sin embargo, es fundamental comprender que la credulidad no hace a la confianza. La confianza debe ser construida a partir de bases materiales concretas, a partir de acciones fraternas, no a partir de mitos divinoides. Quizás la forma de credulidad más eficiente se presenta en las religiones, que parten de la base fundamental de la credulidad y, en ese sentido, la credulidad como fe no puede ser el defecto que concentre mayor severidad. Y aunque no deja de ser un defecto, es el defecto que más disculpo porque lo comprendo desde una perspectiva histórica.

El servilismo es, de alguna manera, la esclavitud en su forma adulación. Ser servil es vivir la esclavitud en tiempos de su post abolición, oleada y sacramentada. La adulación a los otros como mecanismo de lucro personal es la característica de los seres más ruines, de aquellos que no logran controlar sus sentimientos, sus impulsos ni sus ambiciones. Los seres serviles son los que mejor encarnan la perversión del capitalismo, son aquellos que no han podido guardarse para sí mismos ningún espacio de control de su propia existencia. El servilismo, además de ser el peor defecto es la constatación de la ausencia de sentimientos de amor real.

Estas elecciones, diseccionadas mínimamente párrafo a párrafo llevan intrínsecamente a la resistencia como forma de vida en tiempos de capitalismo. Estas elecciones que de seguro provocan muchas emociones en los espíritus revoltosos y denunciantes de las injusticias son, de hecho, algunos de los pilares que constituyen al pensamiento marxista. Estas elecciones fueron hechas por Karl Marx, en la década de 1860, en respuesta a las preguntas que el tradicional juego inglés “cuestionario proust” plantea. Marx ha articulado estas respuestas desde los más grandes sentimientos de amor porque iban dirigidas a sus hijas Laura y Eleanor. Cómo dudar de la convicción y del compromiso cuando nacen estas afirmaciones en contextos como ése.

*Ella es Diputada Nacional, Militante Marxista y Generacion Evo

Twitter: @valeqinaya

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