REVOLUCIÓN Y JUVENTUD

Entender la división de la autocritica revolucionaria interna y externa ayuda a construir criterios interesantes desde la propia izquierda. Ante dificultades en los procesos progresistas populares de Suramérica, principalmente Argentina y Venezuela, la autocrítica interna siempre es y debe ser necesaria para llenar de ímpetu la lucha revolucionaria, fortaleciendo la convicción, blindando el compromiso y generando nuevas estrategias de acción. Por el otro lado, la crítica hacia afuera de los procesos, sin entenderlos a profundad, juzgándolos sin interiorizarse en los mismos, por más crítica de izquierda que sea, siempre tiende a alimentar y fortalecer las ficciones catastrofistas de la derecha.

Es recurrente en la discursiva de las oposiciones a los procesos progresistas populares: “El fin de un ciclo”, ese eslogan que denota cambio no es más que una ficción que no propone nada.

Latinoamérica en su conjunto y particularmente Suramérica, con los procesos revolucionarios de Bolivia, Ecuador, Venezuela, Argentina, Uruguay, Brasil, evidencia una construcción posneoliberal, si bien no totalmente anticapitalista, sí antineoliberal, el camino en nuestras políticas plantea la superación del neoliberalismo.

No existe “Fin de ciclo” porque para que un determinado ciclo sea superado debe existir una propuesta de cambio sustancial, para que termine un ciclo debe existir la propuesta de otro ciclo, no la hay.

Las oposiciones a los procesos progresistas populares hablan de un “fin de ciclo” pero proponen exactamente las mismas recetas del ciclo viejo, del ciclo neoliberal. No tienen una visión ni un proyecto de país y atacan estratégicamente a nuestros líderes porque esta oposición no tiene buenos jugadores para competir y ganar en democracia.

Ni Argentina, ni Venezuela, son procesos revolucionarios perdidos. Argentina detenta una mayoría del Frente Para la Victoria en el congreso y en Venezuela el compañero Maduro del PSUV ejerce la presidencia. En ambos escenarios los derechos sociales conquistados no tienen retroceso por el compromiso, la conciencia popular y la militancia blindada ideológicamente. El habitad natural de lucha de esta militancia, de ser amenazadas las políticas sociales conquistadas a lo largo de estos años, volverá a convertirse en las calles. Ya que la calle siempre fue y será el habitad natural del revolucionario.

Todo proceso debe sedimentarse en la conciencia de su lucha revolucionaria, en el reconociendo de sus logros, nada deviene de la nada, todo es producto de largas luchas sociales, se debe repolitizar a la juventud imponiendo en la sociedad los valores de la juventud. Ya que existe una suerte de desconexión del militante joven con el joven promedio, que no necesariamente es militante.

Perdidos en la gestión hemos olvidado enamorar al pueblo cada día. Ensimismados en nuestros cuadros políticos adultos hemos olvidado alejarlos de nuestras filas por motivos de corrupción. Perdidos en el adultocentrismo, hemos olvidado consolidar liderazgos juveniles fuertes en espacios claves de decisión. El discurso político debe ser reinventado incorporando los valores juveniles como los valores fundantes de la nueva sociedad. Se debe estar consciente que la “clase media” no puede ser simplemente erradicada, esa sería una visión simplista de la realidad, debemos plantearnos conquistarla políticamente.

*Militante de la Generación Evo, abogado y conductor del programa radial y televisivo Sangre Combativa.

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